¿En qué estaría pensando mi madre? tenía sólo cinco años cuando, muy pizpireta ella, agarró mi diminuta maniata y me dijo “venga vamos al cine”. Yo, ingenuo puber, que hasta entonces me había conformado con ver los dibujos animados en blanco y negro en la tele de la cocina (mayormente Los Pitufos y algún capítulo suelto de David el Gnomo) me dije a mí mismo que nada de malo podría tener una nueva experiencia, y mucho más teniendo en cuenta que era mi propia madre la que me animaba a ello.
¿Qué peli vamos a ver? Le preguntaba insistentemente por el camino. “Ya lo verás, te va a gustar, es una de dibujos de Walt Disney” contestó ella misteriosamente. No sé porqué mi madre se imaginaba que yo dominaba perfectamente la obra de un tal señor Disney, pero almenos me quedé con las dos primeras palabras de tan jovial aseveración: “dibujos animados”. Era todo lo que necesitaba saber.
Sin embargo, no tardaría demasiado tiempo en descubrir que lo que parecía ser una maravillosa inmersión en el mundo del cine, se tranformaría en realidad en una de las tardes más aburridas que recuerdo (y eso que desde entonces han pasado más de 20 años). “Fantasía” esta es la película que había considerado mi madre era la más adecuada para introducirme en el mundo del celuloide.
Ya saben, fregonas que cantan, ratones que hacen magia, elefantes que vuelan (y que también cantan) en fin, qué se puede decir del primer musical de animación de la historia? Que desde la perspectiva de un niño de cinco años fue un auténtico coñazo. Tal es así que más de una vez me escapé entre las butacas (bien corriendo, bien gateando) y mi madre se volvía loca para encontrarme e intentar atarme al asiento.
Han pasado más de cinco años desde la última vez que vi el clásico de Disney. Y aunque no recuerdo con exactitud todos los detalles de la cinta, sí recuerdo que me entretuvo lo suficiente como para tragármela entera y que incluso algunos momentos (como cuando Mickey hace de aprendiz de brujo) me parecieron sublimes. Y sin embargo, cuando pienso en esa película no dejo de ver el niño que se escondía entre las sombras de un pequeño cine de Madrid en un grito desesperado…
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