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Comienzo aquí una serie sobre los directores de cine que más me han impresionado. Woody Allen, admirado por muchos y denostado por muchísimos más, encabeza mi particular lista. Quizás sea porque en ciertos aspectos me reconozco en él. Y no me refiero a su hipocondría crónica, ni por ese cocktail mortal de amor/rechazo que despierta en sus actrices protagonistas, sino en esa torpeza, no siempre casual, combinada con un sentido del humor explosivo.
Dice Mia Farrow en su autobiografía que el verdadero Woody Allen no tiene nada que ver con su personaje, que es un ser obsesivo y neurótico hasta el extremo y que no es tan “hilarante” como quiere hacer ver en público. Gran aficionado a demandar a todo el que se cruce en su camino, Allen se ha granjeado la enemistad de una buena parte de la industria estadounidense, que además ya no está dispuesta a invertir un dólar en sus películas. (y mucho menos desde ”Un final made in Hollywood”, film en el que criticaba duramente a las productoras y estudios de cine de Estados Unidos).
Sin embargo, una persona que ha “parido” frases como “”El amor es la respuesta, pero mientras esperas la respuesta, el sexo levanta algunas preguntas bastante interesantes.” (más citas) debe de llevar en su naturaleza, uno de esos genes que transforman a un patán en un genio. Yo, como soy lo primero, en vez de hacer películas, escribo un blog. En esto se resumen nuestras diferencias.
Estoy de acuerdo en que no todas las películas de Woody son obras de arte… y desde luego, Manhattan, Annie Hall, Hannah y sus hermanas, La rosa púrpura del Cairo y Match Point están un escalón por encima de muchos otros títulos de su extensa filmografía, pero todavía no he visto ninguna película suya que sea mala o que carezca absolutamente de interés… y esto es algo que no se puede decir de muchos cineastas, especialmente de todos los que viven del star system.
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